Ingeniería, Instalación y Desarrollo Solar

Cómo sobrevivir con un 70% menos de emisiones de CO2

21-Abr 2014

Los expertos coinciden en que reducir los gases como plantea Naciones Unidas es viable si existe voluntad política


Si queremos mantener el aumento de la temperatura por debajo de los 2ºC - la frontera a partir de la cual dice el IPCC que nuestro destino sería incierto-- debemos reducir las emisiones de CO2 en un 70% para 2050. Y eso implica un cambio del modelo energético vigente. ¿Es eso posible?

Para Joan Grimalt, director del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua, se trata de "una auténtica revolución, teniendo en cuenta que el 85% de la energía global proviene de combustibles fósiles. Pero ha habido otras épocas en las que los ciudadanos han liderado cambios impensables. En Mallorca, en el siglo XVIII, se desecó el interior de la isla para erradicar la malaria gracias a que muchos propietarios unieron esfuerzos y construyeron pequeños molinos para desviar el agua. Si apostamos por un modelo energético descentralizado, lo conseguiremos de nuevo".

El "Informe sobre Energía y Sostenibilidad en España 2013", de la Universidad Pontificia Comillas, corrobora la visión de Grimalt. En sus páginas, se refleja que "el nivel de dependencia de España respecto al exterior es superior al 86%, muy por encima de la media europea»" Con estos porcentajes, no parece que quede mucho espacio para la esperanza. Pero lo hay. En 2011, Greenpeace ya publicó un informe, «Energía 3.0», en el que mostraba con datos exhaustivos que se pueden satisfacer «exclusivamente con renovables todas las necesidades de energía en todos los sectores», y sin esfuerzos épicos.

José Luis García, responsable de la campaña de Energía de la organización en España, es tajante al afirmar que «técnicamente es factible. Es cuestión de voluntad política. Pero no la hay. Basta con ver en qué empresas acaban la mayoría de los miembros de todos los gobiernos para comprender por qué seguimos apostando por la energía clásica. Todavía tenemos la tecnología porque fuimos líderes en este sector, pero nos estamos quedando atrás».

LA PRESIÓN DE LAS ELÉCTRICAS

Sobre la falta de voluntad política, el propio informe de la Universidad Pontificia, poco sospechosa de ser ecorrevolucionaria, deja claro que "el cambio a un modelo energético sostenible solo es posible si existe la voluntad política. Desgraciadamente, no se da actualmente". Jaume Margarit, director general de la Asociación de Productores de Energías Renovables, y exdirector del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, se lamenta de que España "esté perdiendo una ocasión histórica. Este país -continúa- gasta 60.000 millones anuales de euros en comprar energía fuera, cuando la tiene dentro. Pero no se deja a las renovables activar todo su potencial. Se dice que la culpa del déficit de tarifa es de las renovables, cuando los que se lanzaron a una instalación disparatada de potencia fueron las eléctricas, por iniciativa propia. Por eso, ahora sobra más de la mitad de la capacidad de generación y se resisten a perder esas inversiones. Por eso existen los pagos por capacidad a las centrales de ciclo combinado o se mantienten los costes de ininterrumpibilidad de los grandes consumidores cuando hace ya 8 años que no se le ha cortado a ninguno. Si los parques fotovoltaicos no tuviesen la limitación de los 400 MGw serían competitivos; por no hablar del despropósito de la penalización a la fotovoltaica para autoconsumo que se está estudiando en un Real Decreto que, si llega a ver la luz, va a dejar atónita a la UE».

Los técnicos también coinciden en que el cambio es viable. Pilar Pereda, secretaria general del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, asegura que conseguir edificios de "consumo nulo es absolutamente posible. Las tecnologías geotérmicas que aprovechan el calor del suelo, la termosolar o la fotovoltaica ya permiten que un edificio genere su energía. Y trabajando sobre la envolvente, con fachadas ventiladas y aislamiento térmico, se puede optimizar al máximo su rendimiento energético. Es más, en la competición Solar Decathlon de París se demostró que pueden generar más energía de la que consumen. Y supondría solo un 15% de sobrecoste. Una instalación termosolar para una vivienda unifamiliar cuesta 2.500 euros y se amortiza en dos años».

Sobre el potencial desaprovechado de las renovables también habla Teo López, director técnico de District Heating Móstoles, una empresa que ha contado con el impulso del Ministerio de Medio Ambiente y sus proyectos Clima y que está llevando agua calentada con biomasa a comunidades de vecinos de esta ciudad madrileña entre un 25 y un 30% más barato que si siguiesen quemando gasoil en sus propias calderas. Las "redes de calor" son habituales en países como Dinamarca, donde se cubre con ellas el 80% de las necesidades de agua caliente. Pero aquí estamos a años luz. "España es el país de Europa con mayor biomasa, y el que menos la utiliza. El 80% de este recurso renovable se pierde. Calentando el agua para calefacción y uso sanitario de 7.000 personas evitamos arrojar a la atmósfera 20.000 toneladas de CO2, y si aprovechásemos todo nuestro potencial forestal, podríamos crear 200.000 empleos en el mundo rural", asegura.

Pero no solo los residuos forestales son una fuente de energía. Bernardo Ordás, investigador del CSIC en la Misión Biológica de Galicia, y uno de los autores del trabajo publicado en GCB Bioenergy «Biomasa, azúcar y potencial bioetanol del maíz dulce», asegura que obtener bioetanol a partir del residuo de las cosechas de maíz «que está ahí», es sencillo. «Es un proceso en el que obtienes más energía de la que gastas y no emites más CO2 puesto que así como al quemar combustibles fósiles liberas carbono que estaba inerte en el subsuelo, al usar biomasa -que capta CO2 mientras crece- mantienes un ciclo de cero emisiones. De cada hectárea de maíz se pueden sacar 3.000 litros de etanol, y tenemos 400.000 hectáreas de este cultivo».

EL RETO DEL TRANSPORTE

Este sector «difuso» es el principal causante de las emisiones. Pero las posibilidades de cambio son también esperanzadoras. Carlos Bermúdez García es gestor de movilidad eléctrica de Repsol, y aunque puede parecer paradójico, insiste en que esta empresa "ha sido la primera en verificar la reducción de emisiones dentro de los proyectos Clima del Gobierno, a través de IBIL, nuestra empresa participada en materia de movilidad eléctrica. Por responsabilidad, si surge una nueva forma de movilidad debemos estar ahí. De hecho, Repsol acaba de tomar una participación en Scutum, una empresa española que fabrica scooters eléctricos con un novedoso sistema de baterías extraíbles que se pueden recargar en casa o en la oficina. Los precios de adquisición de los coches eléctricos son todavía altos, pero los números salen si incluimos los costes de la energía, ya que estos vehículos gastan entre 1 y 2 euros cada cien kilómetros. Con un sistema de ayudas a la compra y a la instalación de puntos de recarga, y con otras de coste cero como permitir su estacionamiento regulado gratis o su acceso al carril-bus, su venta podría dispararse".

Otra de las herramientas claves en la reducción de las emisones, y a nuestro alcance, es la bicicleta. Mar García es la directora general de Grass Roots España, una empresa británica que trata de que aquí se imponga el mismo sistema de retribución flexible que se consiguió para la bicicleta en el Reino Unido. Con este incentivo fiscal a través de las empresas, allí se vendieron 400.000 bicicletas en 2013, "y por cada tres ciudadanos que la usen se ahorra una tonelada de CO2. Pero convencer al Gobierno no está siendo fácil. Además, en España hay circuitos deportivos o turísticos, pero a nivel de desplazamientos urbanos estamos muy lejos de otros países europeos", lamenta.

Lejos pero no tanto. Porque si expertos y técnicos coinciden en que el cambio de modelo es «técnicamente posible», será que realmente solo falta voluntad política. Y eso, no deja de ser una buena noticia.

Fuente: ABC.ES

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